Khoril
Ithilnaur, príncipe heredero de la casa
Ithilnaur de Carond Kar, contempló el campo de batalla desde la
cima de la colina. El costado aún le dolía, allí donde la bestia ogra le había golpeado. Seguía furioso por permitir que esa
criatura hubiera dañado la delicada artesanía de su armadura.
Mientras
tomaba una poción curativa para aliviar los
dolores que sentía pensó que podría haber sido mucho peor. Los
malditos ogros eran unas bestias resistentes y grandes, pero indisciplinadas, aun
así, parecía como si hubieran seguido algún tipo de estrategia en la lucha, cuando lo normal hubiera
sido que se lanzaran a la batalla como bestias irracionales.
De todos
modos, no podían compararse a las
disciplinadas tropas del clan Ithilnaur, formadas por guerreros dispuestos a
dar sus vidas para destruir a los enemigos de su señor y conseguir su parte de botín. También influía en su determinación, sin duda, las funestas
consecuencias sobre sus familiares en caso de dar muestras de cobardía.
Fuera
cual fuera el motivo, era evidente que tropas Druchii eran muy superiores en disciplina
y habilidades a las hordas ogras, pero aun así
la batalla le había dejado un amargo sabor de
boca. No había logrado aniquilar al
enemigo, aún peor, había permitido que algunos de sus enemigos escaparan.
Estaba
seguro, que aunque eran pocos los que habían logrado escapar indemnes de
la batalla, volvería a oír de ellos, ya que su líder,
el infame ogro Tremor Chupacerebros había logrado sobrevivir. Al menos
Khoril podía tener la tranquilidad de que
maldito hechicero recordaría durante largo tiempo el
enfrentamiento, ya que por dos veces logró dejarlo al borde de la
muerte, pero el ogro empleaba su burda magia para sanar su cuerpo. A pesar de
ello, Khoril logró malherirlo mientras que el
solo recibió un rasguño.
Mientras
sus tropas abandonaban el campo de batalla, el príncipe
oscuro meditaba sobre su próximo movimiento. Sus
exploradores le habían informado que el hijo de su
antiguo enemigo Thondriel vagaba también por estas tierras inhóspitas, encabezando un orgulloso ejército de Ulthuan.
Sería una buena manera de templar el valor de sus tropas hacer
que se enfrentaran a sus odiados "primos".
Relajado
por los pensamientos de futuras torturas Khoril "Sangre Audaz"
Ithilnaur, príncipe de la casa Ithilnaur de Carond
Car emprendió el regreso al campamento.